El principi del final

El principi del final

dijous, 25 d’agost de 2022

El duelo de mi Júnior. La gata que estuvo 16 años conmigo.

1. EL DRAMA Desde que me la ingresan para ver que le pasa, hasta que me dicen que debemos sacrificarla. Todo un drama, pero nada, comparado con el momento de la perdida. En el que la ves muerta, la ves, pero no está ya. Luego coges su transportín, vacío y vuelves a casa andando. Llorando todo el camino. Porque no puedes parar de llorar. Llevas tal drama encima que sientes que te ahogas, que es imposible dejar de llorar. Y así pasas todo el día. O dos. O tres. Que te duelen hasta los ojos, que físicamente estas agotada pero mentalmente destruida. Tu nueva vida es un drama sin ella. Todos los días, realizar cualquier tarea es un drama. Con los días, consigues olvidar el tema y/o dejar de llorar algún rato, pero es recordarlo y llorar como nunca. La perdida de un ser querido que pasa contigo momentos de todo tipo pero que es lo primero que ves desde que te levantas y lo ultimo cuando te acuestas, es toda una tortura psicológica. Realmente se rompió algo en mí. Me destruyó de golpe. Sentí un vacío dentro de mi que no podía ni explicar. No tenía palabras, solo lágrimas. 2. EL SHOCK Mi mente esta ausente. Levanto mi cuerpo de la cama y sigo con las obligaciones que no puedo renunciar, pero me siento sin alma. Todas las obligaciones a las que pueda renunciar son dejadas de lado. Un nudo en la garganta, un dolor de barriga y cabeza similar a cuando tienes 40 de fiebre o varios días sin dormir. No eres persona. No eres nada. Vas por la calle y cada vez que ves gente con animales solo piensas: no sabes lo que te espera. Estas emocionalmente arruinada. No tienes ganas de vestirte, ducharte y mucho menos arreglarte. Te miras al espejo y solo ves tristeza. Tu cara es una pena, tu vida entera es una mierda. Cada vez que recuerdas el momento rompes a llorar incapaz de parar. Intentas olvidarlo, necesitas energías, pero ni comer te sienta bien. No se puede dormir, no se puede comer bien, te pesa la vida. Me siento fatal. Por una parte, intento convencerme de que es solo una gata y que yo sabía que en algún momento pasaría. Por otra miro mi habitación vacía sin ella y no me siento capaz. Se repiten las imágenes del día pero sigo en shock. Sigo sin poder explicarme sin poder hacer una vida normal. Siento dolor físico y una ruina mental que me impide hacer cosas cuotidianas de manera normal. Olvido el móvil en cualquier lugar, no me apetece tener conversaciones con nadie, ni salir, no me apetece nada, no recuerdo mis contraseñas de ningún lado, me bloqueo por todo y me frustro. Parece que tenga la mente en blanco, pero en realidad, lo que tengo en mi mente es todo ese dolor que siento físicamente y unas ganas tremendas de buscar como lo voy a hacer para continuar sin llorar. Si adoptare a otros gatos, si volveré a sentir ganas de querer a otros gatos... En realidad, ahora mismo solo quiero dormir. Solo sirvo para dormir y ni eso, porque, aunque lo intento, debo medicarme para conseguirlo. 3. EL TRAUMA Empiezan las pesadillas. Tanto despierta como dormida, de vez en cuando se me viene a la cabeza la imagen de mi Júnior, enferma, ingresada, y luego cuando se desplumó y luego muerta. No se si sufro mas cuando las tengo despierta, o cuando las tengo dormida. Me despierto llorando, con una sensación en todo el cuerpo de dolor y agonía. Cuando estoy despierta y me vienen las imágenes siento una presión en la cabeza y un cosquilleo por todo el cuerpo, como si me fuese a desmayar. Y de repente, ansiedad. Me ahogo y debo llorar o siento que sino no puedo respirar- A ratos, a días, consigo estar bien. Otros, son horribles. No puedo olvidar este momento. Quiero recordar otros, pero ni siquiera viendo videos e imágenes olvido este momento. Creo que me ha marcado. Me ha traumatizado. Es muy duro ver esto de alguien a quien quieres tanto. No puedo con esto. Psicológicamente estoy en la ruina, por mas que quiero no consigo estar bien. Y cuanto mas intento obligarme, mas dolor de cabeza, más insomnio y más dolor de barriga. No me sienta bien ninguna comida. Ni mi comida favorita soy capaz de comer. Me obligo, pero lo justo para saciar el hambre grande. Tengo el estomago cerrado, un nudo en la garganta y una presión en el cuerpo que a momento hace que me duela la espalda, la pierna, o sentir un cosquilleo. Me paso los días en la cama. Desganada, aunque ya no lloro tanto. No tengo hobbies. Soy incapaz de leer, no me entero de nada y no me apetece nada. No me apetece estudiar, ni siquiera estoy motivada con nada. No me apetece aprender nada y mucho menos escribir. Porque soy incapaz. No me apetece ir al gym ni pasear ni salir. Me pongo alguna serie y no me entero, no presto atención. Miro redes sociales y miro sin ver. Pasan estados y estados y si me preguntas ni me he enterado. Me pongo programas mierdas de risa para ver si me distraen. A veces lo logran. Me pongo música que me gusta y anima normalmente. Antes de esto sería, porque ahora cualquier canción me hunde. Me machaca psicológicamente, me devuelve al llanto desconsolado. Me decido a buscar música nueva, que no me recuerde a nada. Si, esta me distrae. Pero empiezo a quedar horas y horas por la tarde en plegar mirando la pared con música de fondo, mirando al portátil o al móvil sin ver nada. Mirando una y otra vez fotos de mi Junior y preguntándome que voy a hacer y cómo. Trato de buscar una salida, una solución, pero solo crea en mi más ansiedad y presión. Y acabo en el mismo sitio: recordando el momento de su muerte y llorando. HASTA AQUÍ LOS 25 PRIMEROS DIAS SIN MI JÚNIOR. Esto es lo que puedo contar de los primeros 25 días desde que murió mi Júnior. Y ni siquiera se si me explico bien. Dudo de todo, siento que hago las cosas sin alma, por dinámica. Mi trabajo es mental y debo repasar movimientos y cosas cotidianas 300 veces porque no se ni que estoy haciendo. Lo mismo cuando voy por la calle, me siento como alma en pena. No siento que viva mi vida consciente, me siento que me arrastro. Hoy es jueves, el jueves que viene es mi cumpleaños y no tengo ganas de nada. Justo ese día, hará un mes que mi Júnior se murió. Y solo me apetece meterme en la habitación y llorar. No tengo ilusión por nada. No tengo ganas de nada. A ratos pienso en adoptar otros gatos, pero no siento esa ilusión que he tenido estos 35 años desde que tengo consciencia. Mi Junior ha estado 16 años conmigo. Su madre estuvo los 16 anteriores. Antes tuve otro gato que no recuerdo. Lo único que se, es que no he vivido nunca sin gata. No he dormido nunca sin gata. Y a mis casi 36 parece que estoy aprendiendo. De una manera muy dolorosa. De una manera muy traumática. Hoy he tenido un momento de lucidez, de ganas de escribir, de expresarme. De intentarlo por lo menos. Un poco por encima, un poco de manera rápida, para evitar el llanto. Aunque me hayan vuelto las ganas en varios momentos. Intento dejar de llorar porque quiero recuperar mi salud física. Creo que la mental, tardará más. Y no quiero ni pensar en ella, dentro de un mes, cuando empiece la universidad. Y se vaya el verano. Y me toque echar horas en ese despacho al que no he sido capaz de volver a entrar aún. No se como lo voy a hacer, y cada vez que lo pienso me da ansiedad, me ahogo, no me siento capaz de volver a estudiar/trabajar en el despacho de casa, pero esta vez sola. No quiero pensar en el momento porque me asfixio. Me viene la presión esta que me provoco yo sola cada vez que intento buscar una solución a mi vida, cada vez que pienso en el futuro y veo que actualmente no estoy para nada preparada. Duele. Duele y mucho.

divendres, 1 de juliol de 2022

Me llaman intensita

Ayer estaba hablando con una amiga de Madrid que me contaba que la gente le recrimina que lleve siete años soltera. Porque claro, después de una relación de doce años, y seis más después de idas y venidas como rollete tormentoso y totalmente toxico con tu ex de toda la vida, pasarte un año o año y medio viviendo la vida, saliendo y entrando cuando quieres, quedando con amigas y tal, a tu edad, pues… parece que no toca. Parece que hay edades establecidas para vivir también. Y que, si no lo haces por la circunstancia que sea, estás fuera de lugar en esta vida. Le cuento que lo mismo me pasa a mí, que ahora con treinta y cinco años estoy estudiando. Aún. Y que mucha gente “me recrimina” que porque no lo hice con veinte años y no ahora. Que claro, tengo edad de tener cuatro carreras y cinco masters parece ser. Da igual que venga de familia obrera, con padres separados que evidentemente no han podido permitirse mantenerme hasta los treinta años y mucho menos mis estudios superiores. Da igual que mi madre haya pasado por dos cánceres y una depresión y me tocó en algún momento de mi juventud asumir un rol que no me correspondía ni pedí por edad. El caso es que estoy fuera de lugar en esta vida. Y claro, nosotras, que hablando anoche coincidíamos en que cada persona con su experiencia, con su ritmo, improvisa la vida como buenamente puede y/o quiere, resulta que te encuentras rozando los cuarenta y recibiendo comentarios para todos los gustos. Desde vividora, descentrada, desubicada, inmadura, a ver si sientas la cabeza y buscas pareja y tienes hijos que parece ser, es la única manera de madurar y tener responsabilidades. Da igual que nosotras vivamos solas, con gente a nuestro cargo, animales a cargo, estudiemos, trabajemos y tengamos quinientas responsabilidades, si no tienes un hijo, no has sentado la cabeza ni madurado. Quizás ese es el motivo que nos ha juntado. Sin conocer nuestras experiencias personales hicimos match instantáneamente. Complicidad, alegría, intensidad, estudiando juntas. Dedicamos mucho tiempo a nuestros trabajos y los resultados nos avalan. Pero ese tiempo fue tan intenso, que no llegaron a pasar ni seis meses trabajando juntas que ya parecía que nos conocíamos de toda la vida. Nos llevamos tan bien desde el inicio, nos entendimos casi sin tener que dar explicaciones porque nuestra evidencia de las cosas iba en sincronía. Nuestro sentido común era compartido. Pasa muy poco, pero cuando pasa, te alegra la vida. Poco después decidimos conocernos en persona, dejar las videollamadas, al finalizar los estudios, tener una “cita a ciegas” para desvirtualizarnos. Siete días veinticuatro horas juntas. Era un riesgo, puesto que nada garantizaba que no nos matásemos en las primeras veinticuatro horas. O sí. Nuestra experiencia en la vida, nuestra intensidad y ganas de vivir. Nuestra manera de vivir el tiempo libre, de comunicarnos, de apreciar y valorar el tiempo de una misma y el de los demás. Del respeto mutuo. Así que cuantos más días pasaban, más coincidencias encontrábamos. Cuantas más cosas nos explicábamos de nuestras vidas, más mostrábamos empatía por la otra. - ¿Cuántas veces te han llamado intensita, Ramona? Le pregunto entre risas, cuando finaliza una de sus peculiares historias y ya pidiéndole piedad por mis agujetas en la barriga de reír. - Uf Vero… ¡Mas que por mi nombre casi! Te creo. Y es que el ser una persona intensita es una forma de vida. Cuando tienes poco tiempo libre, cuando has pasado por experiencias dolorosas, difíciles, y de repente te encuentras con tiempo libre, con una oportunidad de la vida para vivir, no la quieres desaprovechar absolutamente para nada. Vivimos la vida de forma intensa. Si. Lo bueno y lo malo. Y gracias a la intensidad de los momentos malos, conseguimos resultados buenísimos y una complicidad que ojalá no termine nunca. Risas en momentos que eran para llorar. Llanto de la misma risa en momentos felices gracias a esa intensidad que nos caracteriza. Y es que, que fácil es ser una persona intensita que te dice lo que siente en cada momento, que siente y piensa cosas sin maldad, sin segundas intenciones, sin recochineos, que brilla sin necesidad de apagar la luz de nadie porque está demasiado ocupada manteniendo su llama viva. Me llaman intensita, y orgullosa estoy de ello.

dijous, 30 de juny de 2022

La falda corta.

Muchas veces trabajamos en sitios donde coincidimos con personas que sin motivo aparente pueden pasar años y no coincidir ni en una sola conversación. No pasar de monosílabos y/o hola y adiós. A veces ni eso. También pasa, que cuanto mas grande sea el lugar de trabajo y cuanta mas gente haya, encontrarás personas con las que no te lleves del todo bien. No compartas camino y no haya entendimiento ni a la hora de mantener una conversación simple de cualquier aspecto de la vida. Pero tengo la solución amigas. Una vez trabajé en un sitio, dónde pude hacer un experimento social, de esos que a veces haces contigo y tu propia vida. Era una empresa de unos cuarenta o cincuenta trabajadores repartidos en diferentes salas de la misma planta. Varios departamentos trabajando juntos. Algo así como un Wall Street de la peli de Leo DiCaprio para que os hagáis una idea. Había una de gente hablando y dando vueltas para arriba y para abajo diariamente que ni en Paseo de Gracia, tú. En fin, a lo que voy. Yo visto con faldas, como ya sabéis, en invierno con mallas/leotardos negros y faldas de pana, telas gordas, tejanas, etc. Y en verano con faldas de verano. Que cosas. El tema, es que evidentemente, al ser mi prenda favorita, debo de tener unas veinte faldas de invierno y como cincuenta de verano. Sin exagerar y sin añadir vestidos. Todas de diferentes estilos, colores, telas, mas parecidas o menos, y para todo tipo de salidas, situaciones y estaciones. Y evidentemente unas más largas que otras. La cosa, es que entro nueva en esta empresa. En primavera. Por lo que, mientras llevo medias negras debajo de las faldas (ya no leotardos) ningún problema. Pero llega verano. Y yo que soy tan basta como precavida, siempre me pongo shorts debajo de la falda para no condicionar mi movilidad a estar pendiente 24/7 de no enseñar mi DNI por ahí. Es decir, me puedo sentar con las piernas abiertas que nunca me vas a ver nada. Nunca. Total, llego un día a la oficina, con una minifalda que no se, quizás estuviese cuatro dedos por encima de mi rodilla. Que si, que soy pati-larga y siempre se me ve mucha pierna, pero vaya a la oficina tampoco he ido nunca con mis minifaldas o vestidos que los cuatro dedos son por debajo del toto, sabes? En plan, me curo en salud y conservo aquello de que las faldas y vestidos cinturones son para la noche o para otras ocasiones. Pues total, ya llevaba unos mesecitos trabajando y ya tenia localizada gente que no me hablaba ni aunque le invitase a un café, gente que no saludaba ni aunque pasaras treinta veces por su lado saludando y gente que me hacía dudar de mi propia existencia y plantearme si estaba yo allí pintada o era real mi presencia puesto que aunque hiciese comentarios en voz alta del tiempo, nunca me contestaban ni hacían un mínimo gesto en señal de haberme escuchado. Y llega el día, en que me pongo una mini falda. Con mi pantaloncito debajo. Mi short. En serio, calculado, cuatro dedos por encima de la rodilla. Pues ese día, fue entrar en la oficina, y recibí no solo mas saludos que nunca, si no que mucha gente se acercó a mí en varias ocasiones, para preocuparse por mi DNI. PRIMERA SITUACIÓN: Estoy en la máquina de café haciéndome un café nada mas llegar, tal como hacía cada mañana durante aproximadamente tres meses ya, o quizás cuatro. Esperando a que acabe de hacerse, mirando fijamente a la maquina mientras pienso en lo que tengo por hacer hoy en la oficina. Se me acerca la primera persona que creo que en mi vida habíamos cruzado palabra: - ¡Uy nena! ¡Que corta vas hoy! (riendo de forma exagerada). Y me estira para abajo la falda. (ojo que es que hasta se atreve a tocarme, traspasar mi espacio vital y estirarme de la falda para abajo). - ¡Hola, Maria! Buenos días, ¡eh! (Le contesto molesta mientras me subo la falda, pero manteniendo la sonrisa). - Nena, ¡que atrevida te veo hoy! (Me insiste con sonrisa forzada) - Bueno mujer, menos mal que llevo un short debajo, porque me has bajado tanto la falda de golpe que casi se me ve por arriba mi ropa interior. (le contesto, entre risas). Literal, esa mujer, nunca me decía ni buenos días. Y hoy tampoco fue el caso, pero se dirigió a mí y parece que hasta vino expresamente a hablarme. En fin, me vuelvo a mi silla, y empiezo con mi trabajo. Pocos minutos después ya estaba casi llena la oficina, y yo imprimía no se que listados que debía puntear. Voy a por mis papeles, y como cada mañana, antes de sentarme por si debo volver a dejar algo que haya recogido que no es mío, reviso lo que me he llevado comprobando que estuviese todo correcto. No se en que momento me doblé y la chica de enfrente de mi mesa, que nunca habíamos cruzado mas de un “buenos días” o “adiós” genérico, se levantó de golpe preocupadísima por mi DNI y me bajó la falda. Me giré bastante asustada, y le dije: - ¿Qué haces? - Ay Vero, que susto me he llevado, te has girado de golpe y pensé que se te vería algo. Me quedé congelada. Sinceramente. Le sonreí, le di las gracias y ni le comenté sobre mis shorts. Un rato después, me envía un WhatsApp una compañera de otro departamento con la que solía comer al mediodía ya que nuestros turnos coincidían habitualmente. “Vero, en diez minutos en la máquina de café” Esta chica, se enteraba de todos los cotilleos de la empresa, no se como lo hacía, pero siempre era de las primeras en enterarse de todo, y evidentemente, me ponía al día, era mi fuente, porque si de mi dependiese… Me dirijo a la maquina de café y la veo haciéndome en silencio “que fuerte tía que fuerte” Me levanté de mi mesa a coger algo de la impresora y escuché a Pepita y Menganita hablando de si habíamos visto la falda que llevaba hoy Vero. Ya sabes que por mi haz lo que quieras, pero deberías coserte en las faldas una tela porque al ser tan alta, te quedan siempre por encima de la rodilla, y no un poco, sino que se te ve demasiada pierna, y en esta oficina son todo gente más bien mayor, y… Le corto mientras le contesto: - Tu sabes que yo siempre llevo pantalón debajo, ¿verdad? - Si tía, pero la sensación igualmente es de que en cualquier momento se te va a ver algo, y enseñar pierna en la oficina quizás no es del todo adecuado. - (Me río, pero de verdad) ¡No me puedo creer que esto sea enseñar pierna! Es una broma esto, ¿verdad? ¿una cámara oculta? - No, no, (me dice esta vez con cara de preocupada) ya sabes que yo me preocupo por ti tía, por que me caes bien y no quiero que hablen mal de ti ni a tus espaldas, ¿sabes? - Gracias Carmen. (Y me voy). Vuelvo a mi sitio pensando lo surrealista que estaba siendo esta mañana y lo preocupada que estaba la gente por mi DNI. Incluso analizo esto de que se este dirigiendo a mi gente que nunca antes me había dirigido la palabra, ni para bien ni para mal. A lo que pienso, mañana me pongo falda larga. Y así lo hice. Al día siguiente me puse una falda larga. Empecé mi rutina diaria, y volvieron a omitir mi presencia. Volví a hablar con la misma gente de siempre, reír con la misma gente de siempre y volvieron a omitir mis saludos o comentarios generales, la gente de siempre. Cosa que me hizo plantearme: ¿Si mañana vuelvo con falda por encima de las rodillas, cruzaré palabra con gente nueva? Y así lo hice. Al día siguiente, vuelta a la minifalda. Se repiten patrones. Pero esta vez, algo aún más cómico. Se acerca a mi una chica, me dice que mi falda es muy bonita pero un poco corta para su gusto mientras espero mirando a la maquina de café que me de ese chute de cafeína que necesito de buena mañana, me giro para mirarla, y lleva una camisa transparente que deja ver perfectamente su sujetador básico negro que lleva debajo. Recojo mi café y le digo: - Gracias. Mientras marcho pensando: se puede ser hipócrita y luego esta el nivel de Esperanza. Seguí el mismo patrón toda la semana e incluso me animé y añadí otra semana a esto de: Falda larga, falda corta. Falda tres cuartos, minifalda. Y oye, sí. Puedo confirmar y confirmo, que, si un día necesitas hablar con gente, conocer gente, que te hable gente rándom y/o se preocupen por tu DNI, ponte minifalda. Cinco años de experimento social. Quizás estes estresada un día y necesites que te echen una mano y no hable ni cristo, pero si te pones minifalda y te levantas, haces amigas. O conocidas. Bueno, que mantienes conversaciones con gente que cuando llevas falda larga te convierte en holograma. Así que ponte minifalda y exige casito. Sobre todo en días de sobre carga laboral 😉

divendres, 10 de juny de 2022

Una anécdota con mucha vida.

Una de las cosas que mas me caracterizan es que mi alrededor, es muy variado. Mis amigas mas cercanas, son super diferentes entre ellas. Incluso, mi familia es muy diferente entre sí. La paterna de la materna, por ejemplo. El caso, es que lo que, si es cierto, es que mi alrededor, la familia que una elije, lo hace siguiendo unos criterios y/o necesidades. Por ejemplo, yo necesito admirar a mis amigas. Y a todas y cada una de ellas, las admiro por algo. El caso, es que no siempre puedes verte con ellas, llegas a una edad en que cada una hace su vida, tiene su trabajo esclavizante o no, sus aficiones y su familia y cada vez mas se convierte en una odisea intentar coincidir. Pero lo hacemos. Nos acabamos poniendo de acuerdo y sincronizamos agendas. Hacemos esfuerzos cada X tiempo y acabamos viéndonos. Y la cosa, es que claro, siempre es con hora de quedada, pero nunca de marcha porque con lo que cotorreamos poniéndonos al día… Además, todo empieza por explicarnos mierdas, ¿sabes? En plan: dramas. Luego risas, cosas buenas, logros y tal... y finalmente cosas totalmente innecesarias. Supongo que esto lo apoya las birras/vinos que nos vamos tomando. Pues bien, el otro día quedo con una de mis mejores amigas, que la adoro precisamente por lo bruta y bestia que es hablando. No es mi vocabulario ni mucho menos me gusta para mí, pero de verdad, que hablando con ella SIEMPRE acabo llorando de la risa. Es como una mezcla entre lo exagerado, el vocabulario empleado y los gestos. Tremendo. Así que decidimos quedar y ponernos al día, pues ni recordábamos la de tiempo que hacia que no nos veíamos, ¿meses? Me empieza a explicar mejor lo que le paso en el trabajo, del que la despidieron de mala manera, todas las cosas que vivió con los compañeros, jefes, etc. Algo que ya conocía por encima porque el contacto nunca lo hemos perdido, y siempre nos vamos explicando por audios y/o WhatsApps pero es en persona cuando te explayas. Vamos a resumir el tema como lamentable. Asqueroso. Multinacionales explotadoras que te dejan en la estacada en cuanto pueden. Yo también, le explico mi no-vida que llevo en invierno, trabajar y estudiar en bucle un día y otro y que lo peor no es eso, es aguantar a la gente. Bien sea de la Uni, del trabajo… Me dejan tan cansada que me están volviendo antisocial. Una vez acabamos con los dramas, me enseña fotos de como le ha quedado el piso que se compraron, hablamos de como invertir el dinero que ha recibido últimamente, proyectos futuros que tiene de volver a estudiar, de cuantas ganas tengo de examinarme del First, de que al fin me encuentro en la parte final después de 6 años, de que ahora vivo en el centro, mas lejos de ella pero mejor situada para todo, nos enseñamos fotos de nuestras mascotas orgullosísimas, nos contamos anécdotas familiares, con su pareja, con mis citas… Y mientras, pues vamos tomando cervezas. Y una, y otra y otra. Ya empezaron las risas, ya se fue el sol hace rato, así que como no distinguimos entre las 20 y las 23 seguimos en la terraza, fumando, bebiendo, riendo. Y llega EL MOMENTO. Ese momento que me deja traspuesta. Ella en su línea y con toda la confianza que corresponde a una amistad de 34 años de los 35 que tenemos, porque nuestras madres nos dejaban en la misma guardería para ir a trabajar, aunque no lo recordemos, levanta levemente el culo de la silla y se tira un pedo. No me lo podía creer. Ella venga a reírse, y venga, y venga. Yo, pasmada, evidentemente me acabo partiendo de verla llorar de la risa. Pero lo mas fuerte de todo, es que me recordó muy fuertemente a una persona de mi familia que lo lleva haciendo toda la vida y que siempre le he reclamado que era la única persona que conocía que hacía eso. En lugar de disimular un peo, hacerlo ver. Hacerlo notar, ¿sabes? Y acompañarlo con el movimiento para que, o suene mas o en caso de que no suene, lo vea venir. Ella me empezó a explicar que hay que dejar ir los aires, que es algo saludable, que hay que acompañarlos, que además el gesto sale solo. Yo, por una parte, anonadada total, pensando en mi familiar y explicándole la de broncas que le había echado a lo largo de mi vida cuando hacia eso, pensando que era la única persona del mundo, asimilando que no, que existía mas gente que lo hacía. Ella, explicándome anécdotas no solo suyas, sino de sus familiares que también lo hacían…total, que nos acabaron echando del bar porque cerraban, y nosotras, corriendo en pleno invierno hacia casa, porque hasta que no nos levantamos de la silla, no nos dimos cuenta del frio que hacía y de las horas que nos habíamos pasado allí sentadas. Hablando. Riendo. Poniéndonos al día. Y mira tú, que tarde más tonta hemos echado y cuanta vida me ha dado. He recargado pilas. He llorado de la risa. Ya puedo seguir con mi rutina, y cada vez que recuerdo la anécdota riéndome sola me encuentro. Esta anécdota es para tí amiga. Que se que te vas a reconocer en cuanto la leas. ;)

dimarts, 5 d’abril de 2022

Red Flag – Amiga, date cuenta.

 Una vez estuve conociendo a un chico (por suerte por poco tiempo) que me gustaba bastante.

No sé bien bien el motivo por el que me atrajo tanto desde el primer día, supongo que fue una de esas conexiones inexplicables, el caso es que se me pasaba el tiempo volando con él, admiraba escucharle hablar y me intrigaba muchísimo como persona.

Quizá fuese ese el motivo, que me mantenía intrigada, con ganas de aprender a leerle, de saber de él, de su vida, de su forma de pensar, de hacer…

Aunque en un par o tres de meses quedando nunca llegué a entender absolutamente nada. Y soy de las que piensa, que cuando no entiendes algo, es por falta de información.

A mi parecer, las relaciones con las personas, de todo tipo de carácter, pensamiento y edades, es uno de mis puntos fuertes, se me hace bastante fácil crear confianza y complicidad, una vez he leído como son. Eso sí, solo hay una condición: la otra persona también tiene que estar dispuesta a abrirse, reír, pasarlo bien y relajarse para vivir experiencias de manera natural. Bien sea una conversación, una cena, una salida al teatro, o un paseo, pero necesito que la otra persona también esté dispuesta a relajarse, vivir, compartir, y no se cierre en banda y se dedique a observar, pensar y callar.

El caso es que todo él era bastante contradictorio entre hechos y palabras, pero de una manera exagerada que vais a ver rápidamente en esta historia anecdótica.

Si quedé seis veces con él, fueron mínimo seis RED FLAGS de libro que se veían antes del final de las mismas. Lo que me confundía era que su propia descripción de él mismo o las cosas que me explicaba eran absolutamente contrarias a las cosas que vivía con él. A su comportamiento.

PRIMERA RED FLAG: LA IMPORTANCIA DEL LENGUAJE NO VERBAL.

El primer día que quedamos, fuimos a dar un paseo por el Raval, tomar una copa de vino y presentarnos formalmente, ya que llevábamos tiempo hablando por teléfono y parecía, teníamos complicidad y coincidíamos en la manera de entender la vida y el mundo.

Fue tan bien, pasaron tan rápido esas horas, que decidimos ir a otro lugar a cenar de tapeo. Me llevó a uno de los restaurantes favoritos de Rosalía en Barcelona centro, me explicaba. Lo leyó un día en algún articulo y se le quedo grabado para ir a visitarlo en algún momento.

Me pareció una idea perfecta.

Una vez en el lugar, nos sentamos en la barra, porque no había sitio en las mesas, yo sinceramente, odio muy fuertemente sentarme en la barra de los bares y mucho mas aún sentarme en taburetes. Pero bueno, estaba a gusto, estábamos en el bar y nos podían coger sin reserva, ¿Qué importaba ese pequeño detalle?

Pedimos un par o tres de tapas (bastante raras, incluyendo la de croquetas) y lo cierto es que esas croquetas de PAVO fueron ¡las más buenas que he probado nunca!

Estábamos hablando, riendo, y de repente empezó a hablarme de sus teorías creadas sobre nuestro alrededor: la pareja que había a un lado nuestro, la del otro lado, los de detrás… ¿Cómo? Me sorprendió mucho que en tan poco rato allí sentados, hablando y decidiendo las tapas ya hubiese podido estudiar todo nuestro alrededor y crear esas teorías, pero me pareció un juego divertido y me animé a mirar disimuladamente y seguir creando teorías entre citas Tinder, amigos, parejas con complicidad, parejas discutiendo…

Hasta que, en algún momento, dejamos de jugar a estudiar el alrededor para volver a centrarnos en nosotros y seguir hablando de nosotros.

Fue entonces, cuando empecé a explicarle que se yo que tontería de mi vida que me pareció gracioso y/o anecdótico explicarle y recibo como respuesta:

-        Aquellos del fondo siguen peleando, estos la noche no la acaban bien.

No me sentó muy bien. Y me lo notó cuando mi respuesta fue un silencio y mirar las tapas, seguir comiendo y mirar hacia el lado contrario.

En ese momento pensé, recordé aquella relación que dejé diez años atrás porque vivía obsesionado con estudiar y analizar a la gente de su alrededor dejando en un tercer plano a las personas que tenia a su propio lado. Me recuerda bastante a las personas que se pasan el rato frente a familiares y/o amigos con el móvil en la mano hablando con otras personas.

Estas actitudes, alejan a las personas que tienes cerca totalmente.

Pero me recompuse. Y le reclamé:

-        Oye, ¡te estaba hablando!

-        Si, si, te he escuchado. Como respuesta.

Cosa que me hizo sentir bastante incomoda porque entendí que esa conversación no seguiría. Ya no tenía caso. Así que decido abrir otra nueva relacionada con nuestro momento tapeo, con nosotros y nuestra primera cita, pero me volvió a interrumpir diciéndome su teoría sobre la pareja mona que teníamos al lado.

Es entonces cuando decido poner fin y explicar cómo me está haciendo sentir: “Oye Alejandro, no me gusta estar hablando con alguien y que esta persona este mas pendiente de la gente que hay alrededor nuestro teorizando sobre sus vidas y espiando sus conversaciones y comportamientos que de nuestra propia conversación.

Su respuesta fue que podía hacer las dos cosas a la vez, pero en las dos ocasiones que pasó esto, me demostró que no, que ni podía ni estaba por las dos cosas a la vez.

Salimos de ese restaurante y, digamos que olvidé ese momento. Quise olvidarlo ya que, paseando, volvíamos a reír, coincidir en cosas, explicarnos cosas… y me pasaba de manera rápida y amena la noche.

Tal como lo cuento, todo queda en una simple anécdota, donde yo le explico a un desconocido algo que me hace sentir molesta, tu lo pillas, no lo vuelves a hacer en muestra de respeto y todos felices, ¿verdad? Pero,

¿Creéis que esto no se volvió a repetir?

Si, si volvió a pasar. Y en la segunda ocasión fue peor aún, tanto en la manera de hacerlo como la excusa/justificación recibida.

Resulta, que, en otra cita, vamos a cenar a un restaurante donde él previamente había realizado una reserva.

Ya teníamos confianza, así que yo iba contentísima a reunirme con él con una super noticia: me habían subido el sueldo en mi empleo y además tenia un día a la semana visitas a un cliente que estaba cerca de su casa, así que podía marchar mas tarde de su casa y desayunar tranquilamente juntos, sin madrugar tanto como en las últimas ocasiones.

Pero no tuve ni la oportunidad de explicárselo. Puesto que cuando llegamos, nos sentamos y pedimos, empecé con mi noticia:

-        ¿Sabes que Alejandro? Vengo su per contenta, ¡tengo una muy buena noticia! Resulta que...(empiezo)

Pero le veo mirando a una familia que acababa de llegar y se estaban sentado en la mesa de detrás de mí, ni me miraba a la cara, a lo que insisto haciéndole un gesto con la mano:

-        Hoy he ido a visitar a un cliente al que iré todos los martes…

Pero nada, no me mira. Y me corta para decirme:

-        Son franceses esa familia.

Molesta, le reclamo:

-        Alejandro, en alguna ocasión ya te dije que me parece molesto estar hablando con alguien que ni me mira a la cara. Me parece una falta de respeto que además tus intervenciones sean sobre nuestro alrededor y no el tema del que te estoy hablando.

A lo que me responde:

-        Yo puedo estar por las dos cosas a la vez, mirarte a ti todo el rato es demasiada atención para mí.

Esa frase, demasiada atención para él mirar a la persona que le habla, no solo me parece ya una falta de respeto genérica, sino que me esta indicando que para él no merezco ese tipo de atención. A lo que le reclamo:

-        Mira, yo estoy acostumbrada a otro tipo de maneras, con amigas, familiares o quien sea que tenga delante, cuando me hablan, no solo pongo el oído para escuchar sino que también les miro en muestra de respeto y les voy indicando que estoy atenta, será un tipo de lenguaje no verbal que he aprendido y no parece encajar con tus maneras, pero ya te he comunicado que me molesta hablar con personas que miran hacia otro lado y encima sus intervenciones son para cambiarme el tema y/o hablarme de personas desconocidas del alrededor que sinceramente no me interesan lo mas mínimo. Si quedo contigo es para conocerte a ti, escucharte a ti, y hablar contigo, no para mirar desconocidos y teorizar/comentar sobre ellos.

Simplemente, se dedicó a recriminarme que estaba exagerando con mi actitud, que le estaba creando un momento incomodo y que no le parecía importante estar mirando el alrededor mientras yo le hablaba porque era costumbre suya y él podía hacerlo y se sentía a gusto así.

Ahí entendí que esto era una bandera roja de libro como una casa de grande.

No solo no le da importancia a algo que me hace sentir incomoda, sino que encima me trata de exagerada por comunicarle por segunda vez que estoy molesta con esa situación.

Esta claro que quien no te quiere entender, no lo va a hacer. Que quien no te respeta no lo va a hacer por mas que se lo reclames. Que cada uno da la importancia y la atención que le sale y no lo que le reclaman. Y si esto pasa en nuestra sexta cita… no quieras imaginar como te verás en seis años.

PRIMERA LECCIÓN QUE SACAMOS MIS AMIGAS Y YO AL HABLAR DE ESTAS ANÉCDOTAS: A la primera red flag, ¡huye! Si comunicas a alguien que una actitud te molesta y te la repite, ¡huye!

Si le comunicas a alguien que no te gusta la actitud que esta teniendo hacia ti, y te trata de exagerada y transforma tu sentimiento en un ataque hacia él: ¡huye!

No lo justifiques, no lo obvies, no escuches a quien no te escucha, amiga, ¡huye!

SEGUNDA RED FLAG:  “NO SEAS TAN SIMPATICA”

Estamos paseando un día, hablando y riendo cuando de repente se nos cruza un perro que salta y coge una pelota que aparece de la nada delante nuestro.

¡!GUAU!! ¡Digo riéndome!

¡Que salto ha dado el perro!

Me giro, y la dueña, me pide disculpas (por el perro, evidentemente)

A lo que le respondo:

¡No, nada! Y sonrío.

Esta fue la conversación. Pues cuando vuelvo a girarme, a este chico, no se le ocurre mejor idea que reclamarme mi comportamiento:

-        No seas tan simpática con la dueña, a ver si ahora se nos van a acoplar la dueña y el perro.

Mira, no supe ni que contestar. Mi reacción fue pasar de sonreír por la chorrada que acababa de pasar que me había parecido hasta graciosa a preguntarme que estaba pasando en ese momento que estaba recibiendo una reclamación.

Lo dejé pasar, aunque tuve toda esa tarde en mi cabeza el runrún que me hacia preguntarme como era posible que me hubiese “regañado” por contestar con educación a alguien que nos había pedido disculpas. Porque simplemente había pasado eso, que había reaccionado de manera espontanea a una disculpa informándole de que no pasaba nada.

“No seas tan simpática”

Se me repetía en la cabeza. Tanto es así que al día siguiente tuve que hacer varias consultas a amigas y compañeras de la oficina, de las que solo obtuve la misma conclusión:

Amiga, sal de ahí. Red Flag de libro.

TERCERA RED FLAG: LECCIONES DE LO QUE ES UNA FAMILIA ESTRUCTURADA.

No contenta, claro, yo ya tenía varias red flags sobre mis espaldas con el mismo chico, pero yo sigo quedando porque un momento malo, un comentario desafortunado… en fin, justifícalo como quieras. Que me gustaba y quería seguir conociéndole porque el balance era mas positivo que negativo, aunque tuviese avisos de que de esa no iba a salir bien parada.

Y llega la tercera red flag como un piano.

Me llama y me dice que me va a preparar mi plato favorito, cual era mi bebida favorita, que vamos a cenar en su casa (ay si, ahora recuerdo que era de nuestras primeras citas) que majo el chico, como se lo curra, pienso. Encantador él, se encarga de comprar todos los ingredientes, hacerme la cena y buscar un vino blanco tal como yo quiero ¡que me va a gustar seguro!

Voy a su casa, y mientras le veo cocinando pienso: es guapo, cocina, interesante... al fin estoy con ese tipo de chico que sabía que existía.

Nos sentamos a cenar, y no recuerdo cómo, sale la conversación de nuestros padres. Su madre había sufrido cáncer, la mía también. Le cuento que la mía, además, tuvo la desgracia de que sufrió primero cáncer de pecho, después de ovario y finalmente, al recuperarse de los dos, cogió lo más difícil y duro que recuerdo haber vivido: una depresión.

A lo que me responde y cito textualmente:

-        La mía no cogió depresión porque tenía una familia estructurada.

Mira, no se que cara puse porque no me la veo. Pero sentí como me hervía la sangre desde el dedo meñique del pie hasta la última punta del pelo de la cabeza existente en mi ser.

Me quedé callada y me lo notó en la cara. A lo que continuó:

-Quiero decir, que mi madre tenía a mi padre con ella.

No pude más. Le dije:

-Mira, mi madre no tenía a un hombre a su lado, ni lo necesitaba. Tenía algo mas importante, a sus dos hijos. Y si, también es una familia estructurada una madre soltera.

No sabía como justificarse, pero en todo momento continuaba intentándolo.

Le respondí:

-        Alejandro, mira, de verdad, acéptalo. Es un comentario muy desafortunado y fuera de lugar que no debías haber hecho. No pasa nada. Entiendo que no era tu intención. Que no tienes intención de decirme nada negativo de este tema que ya de por si es duro.

Esto, en mi gran afán de echar una mano a la persona que la ha cagado y no sale del duro momento en que ves que has ofendido a alguien, pero el muchacho, en lugar de coger la mano que le tendí, aceptar el error y continuar cenando en paz y armonía me siguió insistiendo en que estaba entendiendo mal el comentario, que él quería referirse a que su padre estaba allí con ella en todo momento.

Finalmente, y en vista de que no había manera de arreglar aquello, sino que, al contrario, seguía en su línea cegándola más y más por momentos cuanto más hablaba con tal de no aceptar el error, me dediqué a callar y pensar mientras cenaba:

“Para familia desestructurada la tuya majo, que tu madre tiene dos hijos, pasa un cáncer y sus hijos viviendo fuera y ella “sola” con su marido. Al menos la mía tuvo y tiene a sus dos hijos en todo momento a su lado para lo que necesite.”

Realmente, me dieron ganas de levantarme y marchar. Se me quitó el hambre y ni mi plato favorito era capaz de comer, aunque hacía el esfuerzo porque quería salir de esa situación tibante, pero me quedó claro, que una vez más, para salir de esa, debía agachar la cabeza, callar y que por mucho que informara de que estaba ofendiendo, nunca aceptaría una cagada. Antes se pasaría horas y horas cegándola más.

Otra red flag de libro. Amiga, te esta diciendo en tu cara, que no considera a tu familia, una familia estructurada, que ni entiende que es una depresión ni lo quiere entender y que por mas que le digas que un comentario y/o actitud es desafortunada y te esta molestando, ni te va a pedir disculpas, ni lo va a querer mirar/entender como le estas explicando.

Tu comunicación emocional activa con él vale 0. RED FLAG. ¡HUYE!

Pero no lo hice… me quedé en su casa, y después de desahogarme con mis amigas, quise olvidar y ocultarlo bajo la excusa de la intención.

Es por ello, que puse de mi parte para que pronto me llegase ¡otra red flag!

CUARTA RED FLAG: EXPLICAME COMO PIENSO.

Si no os habéis leído el libro “ELS HOMES M’EXPLIQUEN COSES” de Rebecca Solnit, os lo recomiendo desde ya y aquí.

Y os lo recomiendo porque es super necesario a la hora de poder localizar rápido a los hombres “opinologos” que te quieren explicar tu vida, tu identidad, tu profesión y lo que haga falta, aunque en la vida se hayan dedicado ni de lejos a ello.

Esta bandera roja, trata de ello. Una de las coincidencias que tenía con este chico, Alejandro ( que como podréis imaginar no es su nombre real, tenía mas bien un nombre catalán) es el amor por la cultura catalana. Los dos defendemos y usamos la lengua catalán aunque existían notables diferencias entre nosotros, como por ejemplo:

ÉL: chico nacido en Barcelona, con ambos padres nacidos en Barcelona, de raíces catalanas (vete a saber cuántas porque también venía de abuelos catalanes), Catalanoparlante, que vive en la zona alta de Barcelona, familia acomodada económicamente y que ama su tierra natal.

YO: Chica nacida en Santa Coloma de Gramenet, con padre manchego, madre Sevillana, (inmigrantes hace unos 50 años), de abuelos españoles, castellanoparlante que aprende y adopta la lengua catalana, con todos los esfuerzos que ello conlleva sobre todo cuando se vive en una de las ciudades más pobres de Cataluña ( y en la que menos se utiliza el catalán) y se viene de una familia donde faltan recursos pronto y la prioridad de supervivencia te lleva a la rápida inserción en el mundo laboral para ayudar a su familia, pero aún así aprende, defiende la lengua y la utiliza siempre que puede, y como él, ama su tierra natal.

Es importante, cuando se habla de las descripciones de cada uno, hablar de las situaciones sociales, porque casualmente, en las ciudades mas pobres, hay menor nivel de estudios superiores, mientras que, en las ciudades mas ricas, como Sant Cugat, el porcentaje de la población con estudios superiores es muy superior al de Santa Coloma de Gramenet, por lo tanto, cuando se habla de cultura de las personas, se debe de tener en cuenta del público al que te diriges.

Pues bien, cuando se toca el tema de la política, arriesgas a entrar en debate. Y no pasa nada. Son sanos. Él vacilaba de “pertenecer” a una ideología mas de izquierdas que la mía ( aunque estas cosas, por mas que te definas, lo que la identifica es el comportamiento de cada uno en el día a día) yo me reía puesto que me hacía gracia que una persona acomodada me venga a dar lecciones de pensamiento y comportamiento obrero, pero bueno, todo en la vida y en este mundo es posible.

Hasta que llegamos al eterno cliché de “que hacen y como se comportan los castellanoparlantes en Cataluña, que piensan y porque lo hacen”.

Que mira oye, todo en la vida se puede decir de varias maneras, pero que una persona catalana de yo que se cuantos apellidos catalanes, me venga a mí, una hija de inmigrantes españoles, de una ciudad que en su mayoría somos castellanoparlantes, a explicar, como actuamos, pensamos y cuales son nuestras intenciones para con Cataluña y los catalanes, pues mira NO.

Todo empezó con un: “es que yo odio a los castellanoparlantes que llevan aquí 30 años y no hablan el catalán”” esta gente son unos colonizadores que solo quieren hacer daño a Cataluña y acabar con el catalán”

En mi línea de eterna paciencia y compasión por alguien que veo que va a estar a punto de recibir un sermón que le va a dejar por los suelos, le digo:

-        Bueno, creo que te equivocas pensando que la intención de los castellanoparlantes es acabar con el catalán, y que las personas que llevan aquí X años y no hablan el catalán es porque única y exclusivamente han venido a colonizarte a ti, y joderte a ti, catalán. Quizás, hayan inmigrado en búsqueda de una vida mejor, y al tener a sus hijos aquí han criado a una nueva catalana, como yo, que aprende, adopta y defiende la lengua gracias a que mis padres se han dedicado a sobrevivir, y buscar un futuro mejor para mi del que tuvieron ellos. Tanto a nivel educativo, como cultural como laboral.

Pero no, parecía que no tenía ganas de escuchar experiencias y/o opiniones de personas que, si son castellanoparlantes, se crían y mueven con otras personas nacidas aquí castellanoparlantes y de padres castellanoparlantes que llevan aquí X años y aunque lo entienden, no lo hablan, pero si te contestan en su idioma tan ricamente y tan naturalmente y sin ningún tipo de problema.

No, eso no era lo que quería escuchar, mejor dedicarse a seguir aleccionándome, él, hombre catalán, de familia acomodada a mí:

-        Es que yo entiendo tu caso, que será uno de mil, porque la mayoría de los castellanoparlantes lo que quieren es hundirnos, lo que quieren es que se pierda el catalán, no tienen intención alguna de adaptarse.

En mi eterna paciencia, y después de un rato de sentir ofensas hacia mi familia y amigos, le dije:

-        Entiendo que se ha creado una tensión y un odio entre unos y otros que no creo real. Partidos como C’s no representan a los castellanoparlantes. Yo conozco muchas personas catalanoparlantes y de familias catalanas que no hablan el catalán porque no es cool y que votan partidos que SI quieren acabar con el catalán. Estas personas son de apellidos catalanes. Y por otro lado, te insisto, en que yo, castellanoparlante de familia inmigrante que lleva X años aquí y entiende pero no habla el catalán, con amigos castellanoparlantes, no queremos ni fastidiar a Cataluña, ni eliminar el catalán y es muy peligroso este discurso, sobre todo cuando lo haces frente a gente que defendemos la cultura catalana y el idioma igual o más que tú. Estas atacando directamente a mi familia, a mis amigos, a mi identidad y no te cortas un pelo. Creo, que yo antes de generalizar y hablar de catalanes de 8 apellidos catalanes, podría preguntar y aprender (que es lo que hago) y tú, si quieres conocer y/o informarte de porque la gente no aprende, no lo habla o si, podrías empezar por informarte preguntando a las personas que viven en ese ambiente antes de saltar con prejuicios.

Pero no amiguis, no hubo manera de entendernos. Intenté poner el ejemplo de que yo, mujer blanca, nacida en Cataluña, no le voy a dar consejos a una mujer inmigrante negra, de lo que es buscarse la vida, porque seguramente ella, ha partido de mas atrás que yo. Igual que no le voy a dar lecciones a una lesbiana de como se vive el lesbianismo. Es tan básico esto…

Me decepcionó tanto, y evidentemente fue tan imposible entenderse, que cuando salí de aquí, llame a mis amigas para explicarles, pero no solo a las castellanoparlantes, necesitaba también explicar esto a mis amigas y amigos catalanoparlantes, y cada conclusión finalizaba con cosas como:

“Si esto te lo dicen a ti Vero, con lo catalana que eres, no me quiero imaginar que me dirían a mi” “yo si no hablo catalán es porque no me sale como mi idioma materno, yo no voy por el mundo pensando en fastidiar a nadie” “veo que se relaciona con poca gente castellanoparlante” “si así quiere crear consciencia para la defensa de la lengua, vamos arreglados” “¿pero esto te lo decía a ti?”

Pues si gentecita. Esto me lo comí yo con patatas. Un largo rato que se me hizo infernal donde un hombre de clase media-alta, catalán de yo que se cuantos apellidos catalanes, me hablaba de como pensamos, actuamos, y que intención tenemos en este mundo, los castellanoparlantes de tierras catalanas. Yo creo que, si le dejo un rato más, me explica, además de como pensamos y actuamos la gente obrera, y como pensamos y actuamos la gente castellanoparlante, como pensamos y actuamos la gente que estudiamos y trabajamos a la vez. ¿Cuáles serán nuestras intenciones? ¿aprender a matar gatitos? ¿quizás somos un sector que nos movemos con la intención de acaparar el metro de la ciudad el mayor tiempo posible para así fastidiar a los demás trabajadores/estudiantes?

Lo peor/mejor de todo, es que esta bandera roja, no me hizo falta escucharla de otras personas, la supe localizar desde el inicio de la conversación, y no solo gracias al libro leído, que también, sino porque como le dije a él, a mí, por propio sentido común, no se me ocurriría explicarle a una negra, como es ser negra. Explicarle a una lesbiana como ser lesbiana. Explicarle a una madre como se sienten las madres. Por mas que haya leído, por mas que haya escuchado. Hay que saber entender en qué lugar está una, y qué lugar ocupa el otro.

Para no convertirte en una red flag tan clara y tan de libro como esta.

Pero es que espérate…porque yo en mi ya no sano juicio… sigo quedando con él. Y “solo” vamos por la cuarta red flag, de las cuatro que os voy a explicar que no son todas las que viví. También os lo digo.

Mientras se os van ocurriendo adjetivos descalificativos con los que describir mi actitud con este chico, de los cuales, muy probablemente ya haya escuchado muchos de ellos de mis amigas mientras viví esta gran experiencia religiosa, inicio la:

QUINTA RED FLAG: SUS PALABRAS Y ACCIONES SON TOTALMENTE CONTRARIAS.

Como os explicaba antes, a este chico nunca lo llegué a conocer del todo. Antes de la primera cita, me dijo que había pasado años viviendo en el extranjero y teniendo relaciones pasajeras, por lo que ahora buscaba algo mas bien estable, que no significa serio, pero si conocer personas con las que conectar, confiar y mantener una relación fuera la que fuese con responsabilidad afectiva.

Cosa, que evidentemente, a mí me pareció muy afín a mí, ya que le explicaba, estoy en un momento en que lejos de mis obligaciones busco paz y tranquilidad con mi entorno, ante todo.

El primer día, en la primera cita, aquella del bar de tapas de la Rosalía, ¿recordáis? Justo al marchar, cuando nos despedíamos en el metro, me dijo:

-        Yo ahora me planteo el tema de una relación abierta

A lo que yo le respondí:

-        Me parece muy interesante este tema, el próximo día, lo hablamos y me explicas

Ese día, ya era tarde y yo debía marchar. Tardamos pocos días en volver a vernos, dos o tres, no más. Yo iba intrigada porque este tema lo he hablado con amigas mías y me parece muy interesante. Creo, y a mi parecer, es tan amplio como relaciones existan, ya que según tengo entendido trata de acuerdos y cada acuerdo puede ser diferente.

Como siempre quiero aprender, le pregunto sobre el tema, quiero saber que piensa, que quiere conocer, pero me dice que no es que lo quiera aplicar, bueno, no está seguro, solo que tiene en mente que quizás podría planteárselo.

Yo le respondo, que para mí es como tener varios rolletes, pero con responsabilidad afectiva, cosa que no me parece mala idea si te tiene ganas, tiempo y sobre todo comunicación.

En ese momento me dice que no quiere eso conmigo. Que no es lo que esta buscando cosa que me deja bastante sorprendida, pero vale, esta bien.

Desde ese día, en todas las siguientes citas, me sacaba de la nada, que no sabía que quería yo con él, que buscaba como veía mi relación con él, y yo siempre le respondía lo mismo: te estoy conociendo, no lo se, me tienes bastante confundida, dices y desdices cosas, en mi opinión te contradices mucho y no siento que me dejes conocerte o estes cómodo conmigo.

Este tema quedó así. Nunca mas volvimos a tocarlo. Pero desde entonces siempre me sentía en la necesidad de aclararle que le estaba conociendo y no sabia aun con que intención, me encontraba muy incomoda cuando me preguntaba de repente y no de una manera, a mi parecer lógica o normal sino bastante agresiva, que tenia yo con él o como describía nuestra relación. Realmente nunca lo entendí ni como una pregunta, las veces que me decía esto, lo hacia entre afirmaciones como: “eres tan fría que no se que piensas de esta relación que tenemos” “tienes un caparazón tan duro y te quieres hacer la fuerte y no se si esto afecta a nuestra relación”

Chico, no sé, te he visto dos veces, tres veces o quizás cuatro, con intervalos de 3 semanas de entre medio, a veces ni hablamos durante días, no se mucho de ti, pero en ello estoy. Conociéndote, quedando, en tu casa contigo. Creo que te demuestro que quiero quedar, que si me preguntas cualquier cosa siempre te soy sincera, pero no se que debo responder cuando yo estoy tan tranquila hablando y disfrutando de él y de repente, ¡zas! Recibo un comentario que me describe como persona fría, distante y tal que no pregunta nada, solo afirma.

Me descoloca bastante y no se que quieres que te diga. Pero en una de aquellas, intento acercarme y ser mas cariñosa con él, quizás, no sé, no me doy cuenta y soy fría y distante. Dudo ya hasta de mí, aunque yo no lo sienta así. Es entonces cuando me habla de su espacio vital, de que le gusta estar solo, disfrutar del silencio, etc.

Cosa, que evidentemente, comparto y por lo tanto de vuelvo a dejar su espacio vital del que yo también estoy disfrutando.

Pero si me dice una cosa y luego cuando me acerco otra, yo me vuelvo loca.

Y esto me recuerda a otra ocasión.

¿Os acordáis de la cena en el restaurante que él reservó con anterioridad? Si, aquella cita, en la que teníamos a unos franceses detrás y donde me dijo aquella frase de:

-        Que te mire mientras me hablas es pedirme que te preste demasiada atención.

Pues aquel día, como os expliqué yo iba con la buena noticia de que, así como llevábamos ya un par de veces quedando entre semana para que cenase con él y me quedase a dormir con él en su casa, de repente, tengo un cliente al que debo visitar a primera hora de la mañana cada martes y vive cerca de su casa, con lo cual, podríamos concertar un día a la semana para quedarme a dormir con él. Pero, aunque ese era mi plan, darle la buena noticia y dar un paso mas en nuestra relación, saliendo de mi esta propuesta, nunca se la llegue a decir.

¿Qué por qué?

Ese mismo día que nos enfadamos en el restaurante, opté por no seguir contándole nada. No me prestaba atención así que ya se lo contaría en su casa.

Pero entonces, al llegar a su casa me empezó a explicar:

-¡Buf! Es que tengo futbol un día a la semana y tú no sabes el compromiso que significa para mí, tener algo fijo que hacer cada semana, un día a la semana siempre lo mismo.

Yo, evidentemente, escuchándole y preguntándole si eso le parecía un gran compromiso y que él me explicase y respondiese que sí, no me atreví a decirle nada y mucho menos proponerle un día fijo a la semana que vernos.

Lo pillo, lo capto, no hay propuesta. Fuera de lugar quedó. No pasa nada.

Pero en cambio anteriormente me dijo que a él le gusta tener sus cosas planificadas, otra cosa en la que coincidíamos ya que los dos disponíamos de poco tiempo libre.

En fin, otra red flag imposible de tratar. Cuando dicen A y al día siguiente B.

Cuando te dicen que quieren hacer cosas contigo y verte, pero luego solo te llama para quedar a partir de las 21h y en su casa, sabiendo que al día siguiente madrugamos los dos.

Cuando te dice que eres fría y distante, pero en cambio él es quien cambia su manera de ser cuando estamos en la cama y fuera. Se lo dices y te lo reconoce, pero la siguiente vez, la reclamación vuelve a ser para ti.

Yo sinceramente, cada vez que explicaba sus contradicciones recibía un: Vero, sal de ahí.

Red flag en toda regla, porque la gente que no sabe explicarse y actuar de forma sencilla, que se contradice tanto, en sus palabras y acciones, es porque ni ellos mismos saben que es lo que quieren y por lo tanto tú, tampoco lo vas a saber nunca ni te vas a sentir cómoda nunca.

Y el que juega a un juego sin saber las reglas, siempre tiene las de perder.

SEXTA RED FLAG: MENOSPRECIAR LOS GUSTOS DE OTRAS PERSONAS

Este es un tema que me hizo condicionar mucho mi comunicación con él. No es ningún secreto que yo escucho mucha música, sobre todo pop-rock español, pop-rock catalán y pop-rock inglés. Pero dentro de todas las mezclas que existen actualmente y géneros, escucho muchas otras cosas, igual te puedo cantar canciones de los chichos, como de Marlon o Shakira, ¡yo que se! Y en catalán e ingles me pasa un poco lo mismo, desde el Pets a Oques Grasses o Auxili, ¡ yo que se! ¡Canciones randoms que me gustan!

Aunque también es verdad, que hay música que la canto porque la mamé de mis padres, véase los chunguitos, los chichos, julio iglesias, OBK…

El caso, es que mi personalidad es la siguiente: como siempre estoy escuchando música, y considero que me tomo la vida de manera bastante positiva, las situaciones, me recuerdan a canciones. A veces, simplemente, estoy feliz, y una frase o palabra, me recuerda a una canción y te la canto y bailo (tampoco entera, ¡eh! Pero una estrofa relacionada con esa frase/palabra).

En una de esas citas, estábamos en su casa, y no se de que hablábamos, pero surgió eso. Me levanté y me puse a cantar una canción de los chichos. Se quedó mirándome y me dijo: ¿eso que es?

Entre risas, el dije: ¡los chichos! ¿No conoces la canción?

Me miró serio y me dijo: vaya referentes tienes.

Me reí y ahí quedó. Pero me lo volvió a hacer poco después con una canción de camela o de pimpinela y le dije: No son referentes, son canciones que me vienen a la cabeza en el momento.

A lo que mientras me daba la espalda y marchaba, me dijo: Las canciones que te vienen a la cabeza son los referentes que tienes y eso me hace que pensar.

Yo…nunca volví a cantar nada con él. Aunque me viniese a la cabeza.

Pero no solo me pasó con canciones.

Expliqué que me gusta escribir historias y que en su mayoría las dejo para mí, para mi recuerdo. Que suelen ser experiencias mías o de mis amigas o incluso algunas, fantasías en mi cabeza. Lo hago para relajarme para deshacerme de las ideas que me vienen a la cabeza y que quiero plasmar. Para salir de mi rutina diaria igual que leyendo.

Me dijo que a él le gustaba mas leer y que no consideraba un hobbie sano escribir pasándome tantas horas al PC como me paso.

Me preguntó que tipo de lectura me gustaba leer, le dije que varios estilos, pero últimamente estaba sumergida en la lectura feminista, que él no considera ni cultura ni un tipo de lectura.

Me preguntó que me gustaba hacer en mi tiempo libre, le dije que planificar salidas con mis amigas, pero planificar no es tener tiempo libre.

Todo era criticable. Todo era menospreciable.

Amiga, date cuenta. RED FLAG en toda regla. ¡HUYE!




 

 

dimarts, 15 de febrer de 2022

El bizum decisivo (o FOODIE CALL)

 

¿Os ha pasado tener en el grupo de amigxs al típico que nunca paga? ¿al típico aprovechado que no saca la cartera nunca y/o siempre se deja la cartera en casa, la visa en casa…? O a la típica, ¡eh! Que no se diga...

Resulta que salió bizum como la solución a los morosos. Era perfecto, una APP en el móvil que hace transferencias instantáneas sin ningún tipo de cobro. ¿Qué podía fallar?

¡Pues ojo! Que los malos pagadores, todas se las inventan y ha llegado el “ahora te hago un bizum” ese ahora que ¡nunca llega!

Menudo morro le echan... (como no podía ser de otra manera, porque mucha jeta hay que echarle para hacer estas cosas).

En mi grupo de amigas, por suerte (o no, más bien por elección propia) no existe eso. Nosotras, somos buenas pagadoras todas. Si vamos a comer y una paga, no nos hemos levantado de la mesa cuando el bizum ya está hecho. Si marchamos de vacaciones y tira una de tarjeta, se cogen los tickets (o no) y a final del día (o días), se pasan cuentas y se realiza bizum. Estamos todas tranquilas por esa parte, porque como todas vamos limitadas en este tema, sabemos perfectamente lo que se sufre por realizar un pago común que deja un bizum impagado.

Tenemos empatía entre nosotras, y lo más importante, palabra.

Hace tiempo, además, leí en un artículo, que explicaba, que se había puesto “de moda” en las APPS de citas, quedar con gente para comer/cenar “gratis” ya que la persona que va de buena voluntad, saca la tarjeta y paga “rápido” (vaya, en el momento y como pide el momento) y el susodicho/susodicha aprovecha para dejar ese bizum pendiente de pago con la terrible frase de “luego te hago el bizum” o incluso, los que mas morro le echan saltan con un tremendo: ¡ah! ¿Me invitas? ¡Gracias! La próxima vez pago yo (sabiendo perfectamente, que no habrá siguiente porque te van a hacer un ghosting de la hostia). FOODIE CALL es el nombre de esta práctica.

A mi esta info, por desgracia, me llegó después de que me pasara en varias ocasiones. Y OJO, con la misma persona varias veces con la esperanza de que la próxima vez pagase o se acordase del bizum pendiente (inocente de mi) puesto que soy de esas personas que nunca te va a reclamar una deuda, eso sí, nuestra relación se va a ver marcada por como te comportes conmigo en ese aspecto (también).

Y aquí la conclusión a la que llegué el día en que leí de la existencia del FOODIE CALL.

He llegado a un punto en mi vida, en que me la vas a poder colar una vez. Solo una. Vas a tener una única oportunidad de “tomarme el pelo” o en este caso “tomar mi dinero”. Si yo pago una comida, cena, teatro, sea lo que sea, y tú no realizas el bizum acordado, no vas a tener una segunda oportunidad de tomar el pelo. Corto la relación radicalmente.

Ese bizum que me dejas pendiente, lo he llamado, (para cuando explico mis historietas a mis amigas), “el bizum decisivo” con el que, quizás yo pierda unos euros en la quedada contigo, pero tu me pierdes a mí. Y créeme cuando te digo que tú has perdido más.

No me interesa seguir perdiendo mi tiempo con personas que no tienen palabra ni si quiera a la hora de pagar sus propias deudas con amigos, conocidos o como quieras llamar la relación. Si se empieza de esa manera, imagina a que punto puedes llegar (nada bueno) con alguien que ya de primeras demuestra no tener ningún tipo de compromiso, palabra, empatía y/o compromiso social, llámalo como quieras.

Y créeme cuando te digo, que me he llegado a encontrar personas que se han pasado un ratito conmigo hablándome de responsabilidad afectiva y han marchado dejando ese bizum pendiente…. ¡que nunca llegó!

¡Muy fueeeerrrrrrte todo! No creas mucho en las palabras de las personas amigui, mejor centrémonos en los hechos.

 

 


 

dimarts, 8 de febrer de 2022

De nuevo foto-polla.



Voy a ser breve y concisa:

Me tenéis aburrida.

Que ansia de sacar a pasear la churra tenéis chicos… y que pereza mas grande dais cuando os ponéis en plan: soy pionero en decirte esto:

Estaba pensando en ti y… ¿quieres ver cómo estoy?

Ay chico no, ahórratelo. Ahórrate la foto-polla. No lo hace mas bonito que lo disfraces de recuerdo de una…

Me cansas. Me aburres.

20, 30, 40, 50… da igual que no lo captan, que no maduran, que se siguen pensando y sintiendo “únicos y especiales” pioneros o algo…

“Es que si vieses como la tengo…”

Mira chico, te he visto 3 veces en mi vida, llevamos una semana sin vernos ni hablar y de repente, ¿te acuerdas de mi para mandarme foto-polla?

No eres tú, soy yo, que ya estoy aburrida del rollo de siempre.

Mira, ¿recuerdas que hablamos de que los dos veríamos a otras personas? Pues aprovecha para ir con las otras personas con ese cuento. A mi no me interesa, gracias.

Es que, de verdad, unos intentan crearte ganas de quedar con ellos a través de una foto-polla, otros sin conocerte de nada, te la envían directamente, otros, con los que apenas has hablado de que hobbies tiene cada uno, se envalentona y pasa a la foto-polla como si de la idea más original en este planeta se tratase.

Que no, que no me causas ningún tipo de interés, que me tenéis aburrida, que he visto mas pollas “sin querer” que buscadas.

Que maduréis, que aprendáis a reconocer el momento para pasar a foto-polla o no, que, si tenéis ganas de sacar a pasear la polla, no nos involucréis a los demás.

Que el discurso de “me he acordado de ti y…” me parece ya de lo mas casposo y aburrido que pueden decirme.

Que, si hay una manera rápida de hacerme perder el interés, es diciéndome santa chorrada.

A ver si lo entendéis ya: ¡NOS ABURRIIS MAXIMO! ¡NO ERES ORIGINAL! ¡NO ES NUEVO! ¡NO ME INTERESA TU POLLA, ESTOY TRABAJANDO!

¿Qué te hace pensar que me interesa conocer a una persona que se pasa una semana sin hablarme apenas de nada, y de repente me aparece con ganas de enviarme una foto-polla?

Que desde que tengo educación sexual, si quiero sexo vacío, si quiero una buena polla, la tengo en casa y me doy el placer como seguramente tú, ni sabrías hacerlo.

Que, por suerte, la liberación de la mujer, también ha consistido en dejar de aguantar papanatas vacíos de mente por falta de una polla.

O me das algo diferente, o me aburres.

Así de simple.

De nada.

 

P.D. Actualizo la entrada una semana después, ya que me llegó un mensaje de mi buena amiga M.P. que me decía que esto, tiene nombre, CYBER-FLASHING, no estamos solas, no solo nos pasa a nosotras, y se empieza a perseguir y condenar a nivel mundial. Notícia de la que me alegro mucho, por que a veces, publico historias que he vivido yo, otras, experiencias que me explican mis amigas, otras, cosas que compartimos todas, como es este caso, y empezamos a estar hartas de recibir foto-pollas por las redes sociales a diestro y siniestro, sin permiso, sin voluntad, cansadamente. Incluso, de nuestros entornos mas cercanos. Como es por ejemplo, el hecho de intentar conocer personas y que estas centren la conversación en su miembro. BASTA.